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Artistas · 16 de enero de 2026

La Repompa de Málaga, la voz que ardió demasiado pronto

No se trata de una joven con un sueño cualquiera, La Repompa luchó hasta el final por conseguir ser la artista que cambiaría la historia del flamenco

Hay artistas cuya presencia parece desbordar el escenario y salpicar a quien los mira. Enriqueta Reyes, conocida para siempre como La Repompa de Málaga, fue una de ellas. Bastaba el cierre de una guitarra por tangos para que el aire se detuviera y el silencio se hiciera espeso. No hacía falta que mirara a nadie: todo el mundo se sentía aludido. 


Su cante no pedía permiso, irrumpía, hería y acariciaba al mismo tiempo.


La Repompa no fue solo una cantaora precoz y brillante; fue un fenómeno irrepetible. Su figura, su manera de plantarse, su sonrisa desafiante y su forma de abrir el compás dejaron una huella tan profunda que, aun con una obra discográfica mínima, su eco sigue resonando décadas después.


Nacer en una ciudad herida

Enriqueta Reyes nació en Málaga en 1937, en un contexto marcado por la violencia y la devastación. Apenas seis meses antes, la ciudad había sufrido uno de los episodios más trágicos de la Guerra Civil: la huida masiva de civiles hacia Almería y el posterior bombardeo por mar y aire.


Su infancia transcurrió en El Perchel, barrio obrero y gitano, situado extramuros de la ciudad. Allí, entre pobreza y vida comunitaria intensa, el flamenco no era espectáculo: era un lenguaje cotidiano. Mientras en otros puntos de Málaga triunfaban las malagueñas, los gitanos del barrio se afirmaban por tangos y bulerías, palos rápidos, festivos y afiliados.


Ese compás nervioso y directo sería el que marcaría para siempre el cante de La Repompa.


Una niña llamada Repompa

Enriqueta era una niña vivaracha, graciosa y algo rechoncha, de ahí su apodo: Repompa. Desde muy pequeña recorrió tabernas y fiestas acompañada de otros niños artistas del barrio, como La Cañeta, La Quica o Pepito Vargas. Cantaban y bailaban a cambio de unas monedas, que repartían siempre a partes iguales.


El grupo alquilaba trajes y salía a pedir cante. Aquello no era un juego: era supervivencia y aprendizaje. En las fotos de la época, Enriqueta ya aparece con una presencia magnética. Con el tiempo perdió la gordura, pero no el nombre ni el carácter.


Cuando su padre intentó impedirle que siguiera cantando de un lado a otro, ella defendió su idea de que quería ser artista, y lo fue.


De Málaga a Madrid: el nacimiento de un símbolo

El grupo se profesionalizó trabajando en diversos tablaos, y el nombre de La Repompa empezó a aparecer en la prensa. Para muchos lectores era solo una palabra extraña entre anuncios, pero en realidad allí estaba germinando una leyenda.


En 1955, Pastora Imperio acudió a una de sus actuaciones y decidió llevársela a Madrid. A Enriqueta le quedaban solo cuatro años de vida, pero era tiempo suficiente para convertirse en un símbolo del flamenco.


En el tablao más afamado y prestigioso de Madrid, La Repompa se integró entre las grandes figuras de la época. Su padre la acompañaba, esperando cada noche a la puerta, cigarro en mano, mientras ella cantaba como si se jugara la vida en cada tercio.


Veinte minutos para la eternidad

En 1958, Enriqueta entró en el estudio de grabación. Nadie imaginaba que aquellas sesiones serían su único legado sonoro. Grabó apenas siete cantes, unos veinte minutos de música que bastaron para cambiar la historia del flamenco.


La peritonitis que acabaría con su vida en 1959, con solo 21 años, se demoró lo justo para que su voz quedara registrada. Los entendidos coinciden: sin La Repompa, Camarón de la Isla no habría sonado igual. En su cante se reconocen flecos, caídas melódicas y giros heredados directamente de ella.


Sus tangos de Málaga, que no inventó pero sí fijó definitivamente, se convirtieron en referencia absoluta. Procedían, según se cree, de antiguas zambras granadinas, transmitidas por mujeres como Dolores Campos “La Pirula” y por su propia hermana Paca Reyes, también fallecida muy joven.


Muerte, lluvia y leyenda

El día de su entierro, Málaga entera acompañó a La Repompa. El cortejo recorrió el puente de Tetuán, la Alameda, Alcazabilla y la calle Victoria. Llovía con fuerza sobre el cementerio de San Miguel.


Dicen que, al pasar por uno de los tablaos en los que empezó su carrera, los gitanos empezaron a mecer el ataúd. La caja casi bailaba y dentro dormía, tan guapa y buena, La Repompa.


Una voz que sigue cantando

Mucho tiempo después, Camarón acudió a un tablao flamenco de Torremolinos para escuchar a Remedios, hermana de La Repompa. Bastó medio cante para que el cantaor legendario saliera llorando. Aquella voz era la misma.


La Repompa apenas es conocida fuera de la afición, pero está presente en todos los que rompieron las murallas del flamenco. En Tres Luceros, Camarón canta por ella sin nombrarla, porque hay artistas que no mueren: se convierten en raíces.


Actualmente, los tangos flamencos siguen siendo uno de los palos más expresivos y universales del flamenco. En Teatro Flamenco Málaga, ofrecemos la posibilidad de acudir a nuestros espectáculos de flamenco en directo para disfrutar de este palo flamenco, y muchos más, de la mano de un elenco de primer nivel.

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